domingo, 25 de enero de 2015


CRÓNICA DE UNA DESPEDIDA. EL ADIOS A LA SONRISA DE MIS SUEÑOS: LA SONRISA DE JULIA.

A los que esperen un post neutro, analítico y exento de emotividad quizá no sea este el suyo. Hoy me dejo llevar.

La vida me ha demostrado que si hay algo incontestable, es que la misma está en constante movimiento y transformación. Por eso hay veces que los sueños, incluso los más intensos también se acaban.
Anteayer, el 23 de enero de 2015, se cerró un capítulo que puso punto final a uno de mis más grandes sueños musicales (y digo sueños por todo lo que me han hecho soñar). El grupo de mi alma, La sonrisa de Julia, se despidió para siempre en Madrid.
 La Joy Eslava vibraba intensamente ya antes de las primeras notas. La gente se agolpaba en la pista expectante intentando acercarse lo más posible al escenario. Con puntualidad inglesa se encendieron las luces de neón. Envueltos en el aura de la serenidad que te dan las cosas asumidas en profundidad y la seguridad de 13 años en la carretera, los cinco componentes de la banda salieron al escenario controlando perfectamente lo imponente de una Joy llena hasta la bandera en un día tan señalado.
Marcos apareció más tranquilo que nunca: tranquilo y energético; una combinación perfecta para un concierto perfecto. Jamás le vi tan bien. Mario, Raúl, Curro y Jacob salieron sumidos en una profunda concentración entonando los primeros acordes del El Viaje del sonámbulo, preciosa canción que da título a su quinto y  último disco y con la que suelen comenzar todos sus conciertos. Marcos nos deleitó con una voz soberbia que ya no le abandonó en las más dos horas que duró el recital.
 


Foto: Paloma Gullón

Acto seguido nos sorprendieron con la poco conocida Donde está mi vida, que sonó de escándalo. Errante y El error más bello le siguieron dando lugar a unos de los momentos eléctricos más potentes del concierto.

Después de la tempestad siempre llega la calma y en eso Marcos es experto,  por eso continuó con Nadie lo sabe que todos coreamos al unísono.
Con Grito retomamos la intensidad, se notó que es una canción muy especial para Marcos y que le trae muy buenos recuerdos; por eso la acompañó con gestos y dibujos con los brazos y las manos llenos de significado que iban dirigidos a la gradas. Después vino Tormentas que desató la euforia y los saltos ya comenzaron a ser inevitables. Deja vú con su gran final, Bipolar y la gran Euforia acabaron por dejarnos sin aliento de tanto botar. El calor en la pista comenzaba a ser insoportable.

 
Dando un respiro a la intensidad,  nos sorprendieron con la maravillosa y en mi opinión poco reconocida América, canción que sigue estando de la más rabiosa actualidad. Para mí  Marcos siempre ha sido un visionario. Su intuición es suprema.
 A continuación llegó uno de los momentos más especiales del concierto con Hay alguien más ahí. Dedicándonosla emocionado a sus seguidores que, según su opinión, en un acto heroico decidimos comprar entradas para sus conciertos, Marcos conmovió a la sala entera que durante unos minutos se mantuvo en un profundo y vibrante silencio. Qué momentazo para el que, como dijo, esta canción parecía estar escrita.


Foto: Paloma Gullón

Con El hombre que olvidó su nombre, Muévelo y Extraño acabaron de descolocar y descocar a los que allí estábamos, a esas alturas, completamente entregados a la causa. Bien, bien, ¡qué bien nos estaban sentado canciones como Extraño que parecían también estar escritas para ese momento de rejuvenecimiento y encuentro!
Continuas fueron las preguntas al público sobre si nos encontrábamos bien, las gracias por los intensos aplausos; así da gusto, llegó a decir. Una perfecta comunión.
Solo con los focos y una guitarra acústica, Marcos nos puso la piel de gallina con un inolvidable y tiernamente introducido Naufrago, mientras lo veíamos envuelto en una preciosa iluminación que nos transportó a la magia de una noche estrellada.
Acto seguido  apareció Raúl que fue vitoreado por el público. Un público que le quiere y le respeta mucho más de lo que él puede imaginar y que le hizo sacar unas palabras, aquellas que tanto le cuestan, pero como dijo Marcos, no las necesita, porque sinceramente baterías como él se cuentan con los dedos de la mano en este país, sin hablar de la gran calidad humana del compadre de Marcos.
Pues sí vino Raúl y con él el clímax del concierto al acompañar a Marcos con otra guitarra acústica en la inmortal Llevo tu voz. Ante mi sorpresa, al escuchar los primeros acordes mis fuerzas empezaron a flaquear. Noté que Marcos también se emocionó pues esa canción ha supuesto mucho para ellos, aunque logró controlar la situación; yo no. ¡Tantas cosas me vinieron a la cabeza!: la primera vez que les vi en ese videoclip de la playa, la sensación de tanta conexión, el inicio de un idilio con su música y sus mensajes. Y después, trece años de intensa comunión musical: un comienzo y un final. Qué bella canción y qué bella emoción;  siempre llevaré vuestra voz dentro de mí.
Entró Curro y con El tren la emoción era ya incontenible y las lágrimas inevitables. No es mi canción preferida, pero esa noche fue el momento más íntimo y emotivo del concierto que a esas alturas desbordaba magia. Marcos se emocionó muchísimo, fue precioso. Con El bufón se incorporó Mario y el buen rollo y conexión público-banda llegó a su cenit; parecía que la sala entera se balanceaba con su suave ritmo.
 Finalmente entró Jacob completando la banda que se arrancó con Loco. Con  ella se produjo la vuelta a la energía y al baile que necesitábamos para la superar la intensa emoción.  Marcos la dedicó a su inseparable y siempre fuente de inspiración, Julia. Después la preciosa Luces de Neón y en un bis que no fue tal porque como nos había dicho Marcos no había tiempo para paripés en un concierto despedida, nos dijeron adiós con su himno Puedo; con ella algunos en el público acabaron de romperse. Despidiéndose con un “os queremos” les vitoreamos hasta la extenuación, saludaron los cinco  abrazados y felices y sin que ya pudiéramos evitarlo, se fueron por última vez.



 

Foto: Cristina Pychic

Qué gran concertó, qué gran noche y qué gran grupo.

Muchas veces infravaloramos la capacidad del arte y la música en particular, para influir en la vida de las personas. Ignorantes del tsunami de sentimientos y sensaciones que las notas pueden generar, no nos damos cuenta de que el tándem que suponen una intensa melodía junto con unas letras llenas de sentido puede impactar directamente en el corazón de la gente y transformarlo.

 Por eso me gusta decir que la música tiene el poder de la catarsis. Puede ser una catarsis momentánea o puede ser algo mucho más intenso y duradero, como ha sido el caso de mi idilio con la música de estos maestros que tanto me han inspirado e impulsado a llevar mi vida hacia donde mi verdadero yo me guía, porque junto a su música, por siempre y para siempre, seré mejor.

Gracias amigos. Os deseo mucha suerte en vuestro camino.