CRÓNICA DE UNA
DESPEDIDA. EL ADIOS A LA SONRISA DE MIS SUEÑOS: LA SONRISA DE JULIA.
A los que esperen un post neutro,
analítico y exento de emotividad quizá no sea este el suyo. Hoy me dejo llevar.
La vida me ha demostrado que si
hay algo incontestable, es que la misma está en constante movimiento y
transformación. Por eso hay veces que los sueños, incluso los más intensos también
se acaban.
Anteayer, el 23 de enero de 2015, se cerró un capítulo que puso punto final a uno de mis más grandes sueños musicales (y digo sueños por todo lo que me han hecho soñar). El grupo de mi alma, La sonrisa de Julia, se
despidió para siempre en Madrid.
La Joy Eslava vibraba intensamente ya antes
de las primeras notas. La gente se agolpaba en la pista expectante intentando
acercarse lo más posible al escenario. Con puntualidad inglesa se encendieron
las luces de neón. Envueltos en el aura de la serenidad que te dan las cosas
asumidas en profundidad y la seguridad de 13 años en la carretera, los cinco componentes
de la banda salieron al escenario controlando perfectamente lo imponente de una
Joy llena hasta la bandera en un día tan señalado.
Marcos apareció más tranquilo que
nunca: tranquilo y energético; una combinación perfecta para un concierto
perfecto. Jamás le vi tan bien. Mario, Raúl, Curro y Jacob salieron sumidos en
una profunda concentración entonando los primeros acordes del El Viaje
del sonámbulo, preciosa canción que da título a su quinto y último disco y con la que suelen comenzar todos sus conciertos. Marcos nos deleitó con una voz soberbia que ya no le abandonó en las más dos horas que duró el recital.
Foto: Paloma Gullón
Acto seguido nos sorprendieron con la poco conocida Donde está mi vida, que sonó de escándalo. Errante y El error más bello le siguieron dando lugar a unos de los momentos eléctricos más potentes del concierto.
Después de la tempestad siempre llega la calma y en eso Marcos es experto, por eso continuó con Nadie lo sabe que todos coreamos al unísono.
Con Grito retomamos la intensidad,
se notó que es una canción muy especial para Marcos y que le trae muy buenos
recuerdos; por eso la acompañó con gestos y dibujos con los brazos y las manos llenos
de significado que iban dirigidos a la gradas. Después vino Tormentas que desató
la euforia y los saltos ya comenzaron a ser inevitables. Deja vú con su gran
final, Bipolar y la gran Euforia acabaron por dejarnos sin aliento de tanto botar.
El calor en la pista comenzaba a ser insoportable.
Dando un respiro a la intensidad,
nos sorprendieron con la maravillosa y en
mi opinión poco reconocida América, canción que sigue estando de la más rabiosa
actualidad. Para mí Marcos siempre ha
sido un visionario. Su intuición es suprema.
A continuación llegó uno de los momentos más
especiales del concierto con Hay alguien más ahí. Dedicándonosla emocionado a sus
seguidores que, según su opinión, en un acto heroico decidimos comprar entradas para sus conciertos,
Marcos conmovió a la sala entera que durante unos minutos se mantuvo en un
profundo y vibrante silencio. Qué momentazo para el que, como dijo, esta canción
parecía estar escrita.
Foto: Paloma Gullón
Con El hombre que olvidó su nombre, Muévelo y Extraño acabaron de descolocar y descocar a los que allí estábamos, a esas alturas, completamente entregados a la causa. Bien, bien, ¡qué bien nos estaban sentado canciones como Extraño que parecían también estar escritas para ese momento de rejuvenecimiento y encuentro!
Continuas fueron las preguntas al
público sobre si nos encontrábamos bien, las gracias por los intensos aplausos;
así da gusto, llegó a decir. Una perfecta comunión.
Solo con los focos y una guitarra
acústica, Marcos nos puso la piel de gallina con un inolvidable y tiernamente introducido Naufrago,
mientras lo veíamos envuelto en una preciosa iluminación que nos transportó a
la magia de una noche estrellada.
Acto seguido apareció Raúl que fue vitoreado
por el público. Un público que le quiere y le respeta mucho más de lo que él
puede imaginar y que le hizo sacar unas palabras, aquellas que tanto le
cuestan, pero como dijo Marcos, no las necesita, porque sinceramente baterías
como él se cuentan con los dedos de la mano en este país, sin hablar de la
gran calidad humana del compadre de Marcos.
Pues sí vino Raúl y con él el clímax
del concierto al acompañar a Marcos con otra guitarra acústica en la inmortal Llevo
tu voz. Ante mi sorpresa, al escuchar los primeros acordes mis fuerzas
empezaron a flaquear. Noté que Marcos también se emocionó pues esa canción ha
supuesto mucho para ellos, aunque logró controlar la situación; yo no. ¡Tantas cosas
me vinieron a la cabeza!: la primera vez que les vi en ese videoclip de la playa,
la sensación de tanta conexión, el inicio de un idilio con su música y sus
mensajes. Y después, trece años de intensa comunión musical: un comienzo y un
final. Qué bella canción y qué bella emoción; siempre llevaré vuestra voz dentro de mí.
Entró Curro y con El tren la
emoción era ya incontenible y las lágrimas inevitables. No es mi canción
preferida, pero esa noche fue el momento más íntimo y emotivo del concierto que a
esas alturas desbordaba magia. Marcos se emocionó muchísimo, fue precioso. Con
El bufón se incorporó Mario y el buen rollo y conexión público-banda llegó a su
cenit; parecía que la sala entera se balanceaba con su suave ritmo.
Finalmente entró Jacob completando
la banda que se arrancó con Loco. Con ella
se produjo la vuelta a la energía y al baile que necesitábamos para la superar
la intensa emoción. Marcos la dedicó a
su inseparable y siempre fuente de inspiración, Julia. Después la preciosa Luces
de Neón y en un bis que no fue tal porque como nos había dicho Marcos no
había tiempo para paripés en un concierto despedida, nos dijeron adiós con su
himno Puedo; con ella algunos en el público acabaron de romperse. Despidiéndose
con un “os queremos” les vitoreamos hasta la extenuación, saludaron los cinco abrazados y felices y sin que ya pudiéramos evitarlo, se fueron por última vez.
Foto: Cristina Pychic
Qué gran concertó, qué gran noche y qué gran grupo.
Muchas veces infravaloramos la capacidad del arte y la música en particular, para influir en la vida de las personas. Ignorantes del tsunami de sentimientos y sensaciones que las notas pueden generar, no nos damos cuenta de que el tándem que suponen una intensa melodía junto con unas letras llenas de sentido puede impactar directamente en el corazón de la gente y transformarlo.
Muchas veces infravaloramos la capacidad del arte y la música en particular, para influir en la vida de las personas. Ignorantes del tsunami de sentimientos y sensaciones que las notas pueden generar, no nos damos cuenta de que el tándem que suponen una intensa melodía junto con unas letras llenas de sentido puede impactar directamente en el corazón de la gente y transformarlo.
Por eso me gusta decir que la música tiene el poder
de la catarsis. Puede ser una catarsis momentánea o puede ser algo mucho más
intenso y duradero, como ha sido el caso de mi idilio con la música de estos maestros
que tanto me han inspirado e impulsado a llevar mi vida hacia donde mi
verdadero yo me guía, porque junto a su música, por siempre y para siempre, seré
mejor.
Gracias amigos. Os deseo mucha suerte
en vuestro camino.


