Esta tarde estaba en casa acatarrada y cansada y sin planteármelo demasiado he realizado un ejercicio inusual. He estado en casa con mis hijas, me refiero a que he estado sin hacer otra cosa que eso, estar. Ni siquiera me he obligado a hacer cosas con ellas como otros días. No he hecho nada (ni ayudar con los deberes, ni jugar, ni leer, ni escuchar música y eso me hubiera costado en un día normal, pero hoy ha sido fácil); no he hecho ni siquiera planes mentales de lo que tenía o debía de hacer esta misma tarde o mañana.
Increíble pero no he pensado en nada en
particular.
Simplemente he estado allí junto a ellas,
observándolas, mirando sus caritas, sus manos; presente.
Y aquí viene lo llamativo: me he sentido profundamente feliz, curioso ¿verdad?
Y aquí viene lo llamativo: me he sentido profundamente feliz, curioso ¿verdad?
Ya
después de los pijamas y la cena (única actividad de la tarde/noche de hoy), y tras este
paréntesis extraño en mi rutina diaria, me ha llegado con mucha fuerza una frase
de mi admiradísimo John Lennon:
Ha
sido hoy precisamente cuando me he dado
cuánta de la enorme verdad que esta frase encierra.
¿En
cuál de estas dos patas centramos
nuestra atención?
¿En lo que sucede?, ¿o en nuestra idea de lo que nos debe suceder?
SORPRENDENTE
EL SER HUMANO.
¡Hasta pronto!
¡Hasta pronto!



















