Me dispongo a escribir este post
después de haber reposado las emociones vividas el pasado fin de semana del 14
y 15 de agosto de 2015, con el fin de asentarlas, reordenarlas y darles perspectiva.
Diademas de flores dando saltos, gafas de sol de colores, barbas largas, barbas
cortas, barbas de todo tipo, cortes de pelo muy repeinados, largas cabelleras
lisas, pantalones cortos, cabezas de maniquíes y globos de Dora Exploradora flotando
al son de una música que emergía de las calles cual medicina para el dolor de
cabeza y la resaca.
Sonorama Ribera: la fiesta del buen
rollo por antonomasia, altavoz de la más grande, delirante y sutil vibración de la
naturaleza.
Música de aperitivo, de tarde y de
noche y ¡qué música señores!. Música y músicos. Músicos de los grandes
deambulando por las calles, junto a ti en los conciertos, trovadores por todos
lados: un paraíso para los aficionados como yo.
Mi sonrisa dolía de no poder
retirarla.
Y es que este encuentro musical burgalés
se ha convertido en un fabuloso escaparate para las bandas nacionales desconocidas, un enorme
trampolín para las que están a punto de despuntar y una celebración por todo lo
alto para las ya amadas y consolidadas.
Nuestra andadura musical comenzó el viernes a
las 7:30 de la tarde y acabó el sábado a las 2:30 de la madrugada. Fallamos el jueves con toda la pena, dejando
de ver a grandes como Marlango, Sexy Zebras, Dorian o La Habitación roja.
Más de 40 conciertos por día no eran asumibles
para unas humildes almas melómanas con dos piernas, por lo que obviamente nos perdimos mucha y muy buena música pero también disfrutamos hasta la extenuación
de otra tanta. Una gran borrachera musical de larga resaca.
Un festival a mi modo de ver bien
organizado, con varios problemas de sonido en algunos conciertos, lo que fue
una pena, pero sin llegar a deslucirlo demasiado.
De todo, sin duda, me quedo con su auténtico
e inconfundible sello de identidad: la plaza del Trigo y la enorme fiesta
musical que allí se monta; el núcleo urbano de Aranda de Duero arde en Sonorama.
VIERNES
A las 7:30, acompañadas por dos componentes de las Estrogenuinas que habían tocado el jueves y con las que compartíamos albergue, comenzamos escuchando
a la lejos los acordes surferos de Smile, gran banda de folk rock oriunda del País Vasco. Es curisoso, su nombre coincide con
el de un álbum de The Beach Boys que nunca pudo salir a la venta,
no sé si será casualidad.
Al entrar al gran recinto
fuimos directas al Escenario Ribera de Duero donde la banda del
multinstrumentista Julián Maeso
nos deleitaría con su increíble calidad musical; ¡vaya comienzo por todo lo
alto!. No había mucho público pero el
que había era de calidad, y lo digo con conocimiento de causa pues tenía junto a mí al grandísimo Jairo Zavala
(Depedro) al que no pude resistirme pedir una foto.
Fotografía, algo oscura: Paloma Gullón
Los toledanos tocaron piezas de su fabuloso disco One Way Ticket To Saturn (2014) acompañados por un coro de voces
negras fantástico.
Me pareció que
había poca gente para la increíble calidad musical del grupo. Puede ser que aún no se
hayan dado a conocer lo suficiente (nacieron como banda en 2014 aunque la trayectoria
musical de Julián es larga y de renombre). Puede que quizá su música suene
algo antigua, pues tocan una mezcla de rock, country y jazz setentero, y eso ya se sabe cómo va. Sea como fuese yo disfruté
como una enana y mi amiga también que los descubrió y se quedó
enganchada.
Todo lo que hace Jairo Zavala a mí
ya de por sí me gusta, por eso estaba deseosa de escucharle tanto en acústico con Depedro como en eléctrico con Calexico donde lleva guitarra y coros.
Primeramente vimos a Depedro en el espacio benéfico Leãozinho, proyecto capitaneado por el vitalista locutor de Radio 3 Ángel Carmona de ayuda a los niños de la favela Parada de Lucas de Río de Janeiro.
Jairo por desgracia tuvo problemas con el sonido de su guitarra acústica al comienzo de la tercera canción, problema que supo lidiar con maestría gracias a su gran experiencia y profesionalidad. El hombre ni corto ni perezoso se arrancó a cantar a cappella “Comanche” con la que terminó el acústico acompañado por todos los allí presentes dejándonos las gargantas.
Primeramente vimos a Depedro en el espacio benéfico Leãozinho, proyecto capitaneado por el vitalista locutor de Radio 3 Ángel Carmona de ayuda a los niños de la favela Parada de Lucas de Río de Janeiro.
Jairo por desgracia tuvo problemas con el sonido de su guitarra acústica al comienzo de la tercera canción, problema que supo lidiar con maestría gracias a su gran experiencia y profesionalidad. El hombre ni corto ni perezoso se arrancó a cantar a cappella “Comanche” con la que terminó el acústico acompañado por todos los allí presentes dejándonos las gargantas.
Acto seguido iríamos a ver a Calexico del que apenas había escuchado un par de canciones. Tengo que decir que no solo me gustó sino que me sorprendió y enamoró; a mí y a muchos de los que allí estábamos, que
pudimos vivir un concierto mágico.
Fotografía: Paloma Gullón
La voz del cantante y guitarrista
Joey Burns me pareció fabulosa, me recordaba mucho a la de Neil
Finn, cantante, compositor y guitarrista de Crowded House. Calexico nos
regalaron un espectáculo diferente, original, repleto de calidad y con una
ecléctica variedad musical. En hora y pico de concierto nos ofrecieron folk americano
con ritmos mariachis alternado con música independiente y cumbia; canciones
algunas donde las trompetas y trompas eran las protagonistas y que nos
transportaban al lejano Oeste. Western folclórico moderno al contrabajo lo
llamaría yo, por ponerle un nombre bizarro.
Una mezcla explosiva y fabulosa
que nos hizo vibrar y bailar; mi cuerpo se balanceaba inconscientemente de un lado a otro, junto al resto del público, en un suave y animado vaivén. ¡Qué energía tan especial
y diferente se generó allí! Y como era de esperar Jairo, lo dio todo, fluyendo
y disfrutando con la música de una manera que solo él sabe hacer. Tan fácil y
tan espectacular.
También por allí nos llamó la atención la
rumba de Miguel Campello; el hombre llevaba con mucha gracia una falda de volantes que junto a sus musculosos
brazos y sus constantes acrobacias transmitía una imagen de lo más peculiar, rozando lo saltimbanqui.
Estuvimos también viendo a Arizona Baby, con un
Javier Vielba tan genuino y característico como siempre, con su larga y espesa
barba; allí destacaba también su guitarrista Rubén Marrón con
su inconfundible melena. Arizona Baby dieron un buen concierto en el que no acabé de
meterme del todo, ¿quizá por su falta de calidez?, no lo sé, y eso que me gusta su música. Su último disco Secret Fires no
está nada mal.
Un concierto por el que
pasamos de puntillas fue el de Jero
Romero que a mí, desde que ha dejado la maravillosa The Sunday Drivers, ya no
me gusta ni la mitad y además se le escuchaba bastante mal. Lo sé, la nostalgia "sundaydriviera" me pudo.
Para acabar nuestra noche vimos a Supersubmarina, que se dieron un buen
baño de masas en el escenario principal. Como a mí no me apasionan, les escuché de fondo entretenida en una
conversación, aunque tengo entendido que no estuvieron nada mal.
SÁBADO
El sábado al medio día pudimos disfrutar a Ruffus T Firefly como banda
trampolín del festival en la Plaza del Trigo. Les seguía hace tiempo y me hizo
mucha ilusión verles allí, eso sí un poco lejos y ladeada, por lo no les pude
escuchar demasiado bien. El ambiente en
la plaza del Trigo era espectacular.
Fotografía: Paloma Gullón
A Las 15:00 nos perdimos la
sorpresa del sábado en la Plaza que fue increíble según nos contaron. A
cambio descubrimos por sorpresa, en la aledaña Plaza de la Sal, la garra de la
banda gallega The Trunks. La
voz del cantante, una mezcla de Bunbury y Mikel Izal, nos cautivó desde la
primera nota con su fuerza y personalidad. Melodías de rock contundentes y pegadizas
y una entrega absoluta en el escenario y fuera de él (pues el cantante se bajó
del escenario-autobús y se mezcló con el público dándolo todo y más), ha
convertido a este grupo sin lugar a dudas en nuestro “descubrimiento” del
festival.
Increíble después la fiesta
montada en la Plaza de la Sal con los DJ´s.
Conexión musical colectiva que yo hacía mucho tiempo no recordaba.
Fotografía: Paloma Gullón
Fotografía: Paloma Gullón
Fotografía: Paloma Gullón
Fotografía: Paloma Gullón
Fotografía: Paloma Gullón
Por la tarde y ya dentro del recinto, llegamos puntuales al
esperadísimo -por nosotras- concierto de Zahara.
Empezó a las 19:40, justo después del animal de escenario y original Ángel Stanich del que pudimos escuchar
apenas dos canciones.
Al poco de empezar ya se había
llenado el gran recinto del Escenario Ribera de Duero. Nosotras en las primeras
filas pudimos disfrutar de uno de los mejores espectáculos del festival. Porque
Zahara no solo canta y compone increíble, si no que hace espectáculo.
Con una
sonrisa de oreja a oreja, que traslucía una felicidad absoluta por estar allí,
salió al escenario acompañada de su fabulosa banda compuesta por algunos ex de
los The Sunday Drivers.
Y es que para mi gusto el carisma,
entrega y autenticidad de esta chica y su banda no tiene parangón en la escena musical
española del momento. Enfundada en su inseparable chaqueta de grecas azules y
amarillas que coinciden con las de la portada de su último disco, Santa (2015),
realizando movimientos de cuerpo y cabeza con los que sacudía su melena rubia
de una forma que solo ella sabe hacer, se comió el escenario dejándonos a todos
pasmados. Con una fuerza inaudita para un cuerpo tan pequeño, y un repertorio superpotente
que la gente coreaba sin parar, nos regalaron un auténtico conciertazo. En su
última canción, al igual que el cantante de the Trunks, Zahara bajó del
escenario y bailó cual Judy Garland en el Mago de Hoz haciéndose paso entre el
público. Ya subida de nuevo al escenario, finalizó la canción y el concierto con
un espasmódico baile en el que entregó todas sus fuerzas restantes y acabó
tirada en el suelo incendiando el escenario. Y esto último fue literal porque
nada más despedirse la banda, empezó a salir humo y a verse fuego de uno de los
altavoces, sin consecuencias posteriores. Bestial.
Sin haber podido aún asimilar el conciertazo de Zahara, tuvimos la suerte de poder
escuchar en acústico al grandísimo Paco
Neuman, al que también más tarde pudimos disfrutar en eléctrico con su banda Neuman. Canciones más que
grandes, con el poso inconfundible de muchos años de carretera y manta, interpretadas por la inconfundible y desgarradora voz de Paco, hacen
para mí de Neuman la banda española del momento.
Acto seguido Xoel López, con una valentía para enmarcar, salió solo al escenario acompañado cual hombre
orquesta de su teclado, guitarra y de una pandereta de pie. Estuvo
francamente bien. El recinto Ribera de Duero, el más grande de todos, estaba
lleno hasta la bandera, con un público selecto y entregado. Y digo selecto porque
de nuevo a mi lado se encontraban Mikel Izal y algunos de los músicos de su
banda Izal y Juama Latorre de Vetusta Morla. Y yo allí a su lado, feliz como
una perdiz, disfrutando del conciertazo que se marcó Xoel López él solito.
Más tarde y después de pasearnos
un rato y bailar con los animados Correos, fuimos a ver a Anna Calvi. La artista salió al escenario con un gesto atormentado
que no le abandonó en todo el concierto. Anna dio un recital tranquilo y de
calidad, quizá para mi gusto demasiado solemne para la fiesta que allí había
montada y quizá por ello no lo pudimos/supimos apreciar lo suficiente.
Finalmente la guinda final que
todos estábamos esperando, y digo todos porque no cabía allí ni un alfiler: Vetusta Morla.
Yo la verdad es que ya les tengo oídos y requeteoídos, además he ido a muchos conciertos suyos y por eso no me hacía tanta ilusión
verles; no obstante reconozco que dieron un conciertazo de los grandes.
Allí acabamos todos
cantando sus canciones cual himnos, sobre todo las de su primer disco, Un día
en el mundo (2008), para mí el mejor de sus tres LP´s con diferencia. Fue entonces cuando me volví a enamorar de
ellos, y la verdad es que no me fue difícil.
El punto negro de este concierto fue que en el
lado derecho del recinto (en el que nos encontrábamos nosotras), el sonido era pésimo
y se escuchaba fatal. Se veía a Pucho allí a lo lejos dándolo todo mientras
nosotros recibíamos nada más que el eco lejano de su voz. Era curioso ver a la
otra mitad del recinto saltando mientras nuestra mitad ponía el oído para poder escuchar.
Me pareció increíble que los técnicos de sonido no lo arreglaran a tiempo, y no
sería porque no nos quejamos varias veces, coreando al unísono “no se oye, no
se oye”.
Aún así, como los Vetustos son
los Vetustos, yo no sé si mejoró el sonido algo (según mi amiga no) o acabamos
acostumbrándonos, al rato nos pusimos todos a bailar como locos (en el escaso
espacio del que disponíamos) y a corear sus maravillosas canciones rompiéndonos
las cuerdas vocales.
Finalizaron como siempre con la maravillosa
Días Raros y yo, como siempre, me emocioné.
Como no podía ser de otra forma allí estuvo con nosotros todo el rato la compañera inseparable y
que tantos buenos momentos me ha dado, mi querida Radio 3.
Tanto, tan intenso y en tan poco
tiempo. Esto es y ha sido, desde mi mirada partipolar, Sonorama 2015.
El año que viene repetimos ¿no?,
yo desde luego que sí ¿y vosotros?.
¡Hasta pronto sonirit@s!












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