jueves, 22 de octubre de 2015

IDEAL NO, GRACIAS


Los que me conocen bien se sorprenderán al leer el título de este artículo.

De toda la vida me he considerado una persona idealista. Y he sido así porque siempre he pensado que era lo mejor. Consideraba que mis ideales eran buenos, pues me movían con fuerza a ser mejor persona y lo más importante, estaba segura de que eran positivos porque los veía capaces de mover el mundo, de impulsarnos a conseguir un planeta mejor. Hoy día sigo creyendo que esta afirmación es real, tan real como peligrosa.

En este punto considero conveniente distinguir los ideales a los que me estoy refiriendo de los principios básicos en los que las personas basan sus vidas, que sí me parecen positivos y necesarios.

 Toda persona que se mueve por ideales está convencida de que los suyos son los mejores, los adecuados. Muchas no solo los comparten si no que se llegan a identificar tanto con ellos que los llegan a incorporar como parte de su ser. Los defienden, se movilizan por ellos e incluso desgraciadamente, llegan al extremo de cometer actos terribles en su nombre. Las mayores atrocidades que han existido se han movido por ideales. Tenemos ejemplos claros en nuestra historia reciente y no tan reciente que todos conocemos. Con ellos es muy fácil llegar al extremo, pues ellos lo son.

Y lo que a mí ahora me ocurre es que me estoy empezando a plantear si realmente existe algún ideal que sea bueno. Da igual que esté movido por bonitos sentimientos, o lo que nosotros creamos que lo son, es indiferente que defiendan la naturaleza, o los animales, pues ideales son. Basta con observar la cantidad de odio y malos rollos que por ellos se generan en las redes sociales y fuera de ellas, cuántas familias se han roto por causa de los choques de ideología. Y si lo pensamos bien, al fin y al cabo son solo pensamientos que generalmente llevan a cuestas el tan peligroso juicio y que mueven el mundo sí, pero sin que podamos predecir en qué dirección.


 
                                          Fotografía: Paloma Gullón
 
 Si miramos a nuestro alrededor nos encontramos con multitud de ideales de los que ni siquiera somos conscientes y que tanto nos dañan: ideales de cómo vivir, de la casa que tener, de los hijos que criar, de cómo ser, ideales de belleza y delgadez, de juventud y de salud. Ideales en el amor. ¡Ay los ideales en el amor! ¡Cuánto daño hacen! Muchas veces cuando nos enamoramos no lo hacemos de la persona que tenemos en frente si no de la imagen idealizada que de ella nos hemos formado, esa imagen que tanto nos mueve y nos inspira. Como dice mi buen amigo Carlos Rodríguez, nos enamoramos de esos cantos de sirena que tanto nos embelesan y que tan peligrosos son cuando te acercas demasiado a sus ninfas. Ese “algo” que tanta serotonina nos genera puede que no sea más que un ideal, un reflejo de nosotros mismos, una proyección de nuestras carencias y deseos más profundos. Y lo malo es que luego vienen los batacazos.

 Los ideales, sean los que sean, pueden llegar a tiranizar y al final siempre habrá que llegar a un mismo destino; siempre habrá que confrontarlos con la realidad con una consecuencia prácticamente inevitable: el sufrimiento.
 
Yo soy de las que pienso que no hemos venido a este mundo a sufrir, puede que sea otro ideal, lo sé. Pero si observamos a los seres vivos más cercanos que tenemos, los animales, podemos observar que sufren menos y si lo hacen, únicamente de una manera terrenal (por ejemplo por dolor o abandono físico). Ellos se dedican a vivir de una forma completa y real. Nunca sufren por no alcanzar sus ideales de vida animal, sería ridículo.

Me pregunto si lo nuestro, lo de la raza humana, tiene sentido.
 
También me pregunto si tiene solución. Puede, solo puede, que sea un problema de enfoque.

Puede que la solución exista y la tengamos tan cerca que no la veamos.

Cuando un día mi vida llegue a su fin, mi ser no será otra cosa que el conjunto de las experiencias vividas; por un instante infinito pasarán delante de mí y a toda velocidad, el aroma del guiso de patatas mi madre, el olor a tomillo de la casa de mis tíos, la suavidad de la piel de la carita de mi hija, la imagen de las manos de mi abuela haciendo mariquitas de papel o el humo de la pipa de mi padre flotando en la salita. También lo que sospeché tras ver las hojas del otoño balancearse con el viento o lo que sentía cuando aire fresco de mi pueblo explotaba en mis fosas nasales. La realidad que estaba delante y también la que estaba detrás.


 
                                                    Fotografía: Paloma Gullón

 Puede que la solución exista y se llame vida, puede que sea mucho mejor que cualquier ideal, puede que sea perfecta. Quizá solo haya que aprender a mirarla con los ojos adecuados, limpiar esquemas; quizá solo haya que retornar.


Saber mirar. Ese es el reto, ese es el principio y ese es el fin.

 
Saber mirar amigos.

 


PD. Ahora solo me queda esperar que este artículo no se haya convertido en otro más de mis ideales.

 

miércoles, 26 de agosto de 2015

SONORAMA 2015, MUCHO MÁS QUE UN FESTIVAL


Me dispongo a escribir este post después de haber reposado las emociones vividas el pasado fin de semana del 14 y 15 de agosto de 2015, con el fin de asentarlas, reordenarlas y darles perspectiva.

Diademas de flores dando saltos, gafas de sol de colores,  barbas largas, barbas cortas, barbas de todo tipo, cortes de pelo muy repeinados, largas cabelleras lisas, pantalones cortos, cabezas de maniquíes y globos de Dora Exploradora flotando al son de una música que emergía de las calles cual medicina para el dolor de cabeza y la resaca.

Sonorama  Ribera: la fiesta del buen rollo por antonomasia, altavoz de la más grande, delirante y sutil vibración de la naturaleza.

Música de aperitivo, de tarde y de noche y ¡qué música señores!. Música y músicos. Músicos de los grandes deambulando por las calles, junto a ti en los conciertos, trovadores por todos lados: un paraíso para los aficionados como yo.

Mi sonrisa dolía de no poder retirarla.

Y es que este encuentro musical burgalés se ha convertido en un fabuloso escaparate para las bandas nacionales desconocidas, un enorme trampolín para las que están a punto de despuntar y una celebración por todo lo alto para las ya amadas y consolidadas.

Nuestra  andadura musical comenzó el viernes a las 7:30 de la tarde y acabó el sábado a las 2:30 de la madrugada. Fallamos el jueves con toda la pena, dejando de ver a grandes como Marlango, Sexy Zebras, Dorian o La Habitación roja.

 Más de 40 conciertos por día no eran asumibles para unas humildes almas melómanas con dos piernas, por lo que obviamente nos perdimos mucha y muy buena música pero también disfrutamos hasta la extenuación de otra tanta. Una gran borrachera musical de larga resaca.

Un festival a mi modo de ver bien organizado, con varios problemas de sonido en algunos conciertos, lo que fue una pena, pero sin llegar a deslucirlo demasiado.
 
 De todo, sin duda, me quedo con su auténtico e inconfundible sello de identidad: la plaza del Trigo y la enorme fiesta musical que allí se monta;  el núcleo urbano de Aranda de Duero arde en Sonorama.


VIERNES
A las 7:30, acompañadas por dos componentes de las Estrogenuinas que habían tocado el jueves y con las que compartíamos albergue,  comenzamos escuchando a la lejos los acordes surferos de Smile, gran banda de folk rock oriunda del País Vasco. Es curisoso, su nombre coincide con el de un álbum de The Beach Boys que nunca pudo salir a la venta, no sé si será casualidad.

Al entrar al gran recinto fuimos directas al Escenario Ribera de Duero donde la banda del multinstrumentista Julián Maeso nos deleitaría con su increíble calidad musical; ¡vaya comienzo por todo lo alto!.  No había mucho público pero el que había era de calidad, y lo digo con conocimiento de causa pues tenía junto a mí al grandísimo Jairo Zavala (Depedro) al que no pude resistirme pedir una foto.
 
 

                                         Fotografía, algo oscura: Paloma Gullón

Los toledanos tocaron piezas de su fabuloso disco One Way Ticket To Saturn (2014) acompañados por un coro de voces negras fantástico.

 


                                              Fotografía: Paloma Gullón
Me pareció que había poca gente para la increíble calidad musical del grupo. Puede ser que aún no se hayan dado a conocer lo suficiente (nacieron como banda en 2014 aunque la trayectoria musical de Julián es larga y de renombre). Puede que quizá su música suene algo antigua, pues tocan una mezcla de rock, country y jazz setentero,  y eso ya se sabe cómo va.  Sea como fuese yo disfruté como una enana y mi amiga también que los descubrió y se quedó enganchada.
Todo lo que hace Jairo Zavala a mí ya de por sí me gusta, por eso estaba deseosa de escucharle tanto en acústico con Depedro como en eléctrico con Calexico donde lleva guitarra y coros.

 Primeramente vimos a Depedro en el espacio benéfico Leãozinho, proyecto capitaneado por el vitalista locutor de Radio 3 Ángel Carmona de ayuda a los niños de la favela Parada de Lucas de Río de Janeiro.

Jairo por desgracia tuvo problemas con el sonido de su guitarra acústica al comienzo de la tercera canción, problema que supo lidiar con maestría gracias a su gran experiencia y profesionalidad. El hombre ni corto ni perezoso se arrancó a cantar a cappella “Comanche” con la que terminó el acústico acompañado por todos los allí presentes dejándonos las gargantas.
 
                                                         Fotografía: Paloma Gullón
 
Acto seguido iríamos a ver a Calexico del que apenas había escuchado un par de canciones. Tengo que decir que no solo me gustó sino que me sorprendió y enamoró;  a mí y a muchos de los que allí estábamos, que pudimos vivir un concierto mágico.
 
                                              Fotografía: Paloma Gullón
La voz del cantante y guitarrista Joey Burns me pareció fabulosa, me recordaba mucho a la de Neil Finn, cantante, compositor y guitarrista de Crowded House.  Calexico nos regalaron un espectáculo diferente, original, repleto de calidad y con una ecléctica variedad musical. En hora y pico de concierto nos ofrecieron folk americano con ritmos mariachis alternado con música independiente y cumbia; canciones algunas donde las trompetas y trompas eran las protagonistas y que nos transportaban al lejano Oeste. Western folclórico moderno al contrabajo lo llamaría yo, por ponerle un nombre bizarro.  Una mezcla explosiva y fabulosa que nos hizo vibrar y bailar; mi cuerpo se balanceaba inconscientemente de un lado a otro, junto al resto del público, en un suave y animado vaivén. ¡Qué energía tan especial y diferente se generó allí! Y como era de esperar Jairo, lo dio todo, fluyendo y disfrutando con la música de una manera que solo él sabe hacer. Tan fácil y tan espectacular.
 
                                               Fotografía, borrosa: Paloma Gullón
 
En una de las excursiones a los baños pasamos por el escenario Burgos Origen y Destino y allí descubrimos una banda que nos gustó: Pecker, peculiar y divertida.
 
 También por allí nos llamó la atención la rumba de Miguel Campello; el hombre  llevaba con mucha gracia una falda de volantes que junto a sus musculosos brazos y sus constantes acrobacias transmitía una imagen de lo más peculiar, rozando lo saltimbanqui.
Estuvimos también viendo a Arizona Baby, con un Javier Vielba tan genuino y característico como siempre, con su larga y espesa barba; allí destacaba también su guitarrista Rubén Marrón con su inconfundible melena. Arizona Baby dieron un buen concierto en el que no acabé de meterme del todo, ¿quizá por su falta de calidez?, no lo sé, y eso que me gusta su música. Su último disco Secret Fires no está nada mal.
 
                                                         Fotografía: Paloma Gullón
 
Un concierto por el que pasamos de puntillas fue el de Jero Romero que a mí, desde que ha dejado la maravillosa The Sunday Drivers, ya no me gusta ni la mitad y además se le escuchaba bastante mal. Lo sé, la nostalgia "sundaydriviera" me pudo.
Para acabar nuestra noche vimos a Supersubmarina, que se dieron un buen baño de masas en el escenario principal. Como a mí no me apasionan,  les escuché de fondo entretenida en una conversación, aunque tengo entendido que no estuvieron nada mal.
 
SÁBADO
El sábado al medio día pudimos disfrutar a Ruffus T Firefly como banda trampolín del festival en la Plaza del Trigo. Les seguía hace tiempo y me hizo mucha ilusión verles allí, eso sí un poco lejos y ladeada, por lo no les pude escuchar demasiado bien.  El ambiente en la plaza del Trigo era espectacular.
                                                         Fotografía: Paloma Gullón
A Las 15:00 nos perdimos la sorpresa del sábado en la Plaza que fue increíble según nos contaron. A cambio descubrimos por sorpresa, en la aledaña Plaza de la Sal, la garra de la banda gallega The Trunks. La voz del cantante, una mezcla de Bunbury y Mikel Izal, nos cautivó desde la primera nota con su fuerza y personalidad. Melodías de rock contundentes y pegadizas y una entrega absoluta en el escenario y fuera de él (pues el cantante se bajó del escenario-autobús y se mezcló con el público dándolo todo y más), ha convertido a este grupo sin lugar a dudas en nuestro “descubrimiento” del festival.
 


 
                                              Fotografía: Paloma Gullón



                                                         Fotografía: Paloma Gullón  
Increíble después la fiesta montada en la Plaza de la Sal con los DJ´s. Conexión musical colectiva que yo hacía mucho tiempo no recordaba.


                                              Fotografía: Paloma Gullón

 
Por la tarde y ya dentro del recinto, llegamos puntuales al esperadísimo -por nosotras- concierto de Zahara. Empezó a las 19:40, justo después del animal de escenario y original Ángel Stanich del que pudimos escuchar apenas dos canciones.
Al poco de empezar ya se había llenado el gran recinto del Escenario Ribera de Duero. Nosotras en las primeras filas pudimos disfrutar de uno de los mejores espectáculos del festival. Porque Zahara no solo canta y compone increíble, si no que hace espectáculo.
Con una sonrisa de oreja a oreja, que traslucía una felicidad absoluta por estar allí, salió al escenario acompañada de su fabulosa banda compuesta por algunos ex de los The Sunday Drivers.
 
                                              Fotografía: Paloma Gullón
 
Y es que para mi gusto el carisma, entrega y autenticidad de esta chica y su banda no tiene parangón en la escena musical española del momento. Enfundada en su inseparable chaqueta de grecas azules y amarillas que coinciden con las de la portada de su último disco, Santa (2015), realizando movimientos de cuerpo y cabeza con los que sacudía su melena rubia de una forma que solo ella sabe hacer, se comió el escenario dejándonos a todos pasmados. Con una fuerza inaudita para un cuerpo tan pequeño, y un repertorio superpotente que la gente coreaba sin parar, nos regalaron un auténtico conciertazo. En su última canción, al igual que el cantante de the Trunks, Zahara bajó del escenario y bailó cual Judy Garland en el Mago de Hoz haciéndose paso entre el público. Ya subida de nuevo al escenario, finalizó la canción y el concierto con un espasmódico baile en el que entregó todas sus fuerzas restantes y acabó tirada en el suelo incendiando el escenario. Y esto último fue literal porque nada más despedirse la banda, empezó a salir humo y a verse fuego de uno de los altavoces, sin consecuencias posteriores. Bestial.
Sin haber podido aún asimilar el conciertazo de Zahara,  tuvimos la suerte de poder escuchar en acústico al grandísimo Paco Neuman, al que también más tarde pudimos disfrutar en eléctrico con su banda Neuman. Canciones más que grandes, con el poso inconfundible de muchos años de carretera y manta,  interpretadas por la inconfundible y desgarradora voz de Paco, hacen para mí de Neuman la banda española del momento.
                                                   Fotografía: Paloma Gullón
Acto seguido Xoel López, con una valentía para enmarcar,  salió solo al escenario acompañado cual hombre orquesta de su teclado, guitarra y de una pandereta de pie. Estuvo francamente bien. El recinto Ribera de Duero, el más grande de todos, estaba lleno hasta la bandera, con un público selecto y entregado. Y digo selecto porque de nuevo a mi lado se encontraban Mikel Izal y algunos de los músicos de su banda Izal y Juama Latorre de Vetusta Morla. Y yo allí a su lado, feliz como una perdiz, disfrutando del conciertazo que se marcó Xoel López él solito.
Más tarde y después de pasearnos un rato y bailar con los animados Correos,  fuimos a ver a Anna Calvi. La artista salió al escenario con un gesto atormentado que no le abandonó en todo el concierto. Anna dio un recital tranquilo y de calidad, quizá para mi gusto demasiado solemne para la fiesta que allí había montada y quizá por ello no lo pudimos/supimos apreciar lo suficiente.
Finalmente la guinda final que todos estábamos esperando, y digo todos porque no cabía allí ni un alfiler: Vetusta Morla.
Yo la verdad es que ya les tengo oídos y requeteoídos, además he ido a muchos conciertos suyos y por eso no me hacía tanta ilusión verles; no obstante reconozco que dieron un conciertazo de los grandes.
 Allí acabamos todos cantando sus canciones cual himnos, sobre todo las de su primer disco, Un día en el mundo (2008),  para mí el mejor de sus tres LP´s con diferencia.  Fue entonces cuando me volví a enamorar de ellos,  y la verdad es que no me fue difícil.
El punto negro de este concierto fue que en el lado derecho del recinto (en el que nos encontrábamos nosotras), el sonido era pésimo y se escuchaba fatal. Se veía a Pucho allí a lo lejos dándolo todo mientras nosotros recibíamos nada más que el eco lejano de su voz. Era curioso ver a la otra mitad del recinto saltando mientras nuestra mitad ponía el oído para poder escuchar. Me pareció increíble que los técnicos de sonido no lo arreglaran a tiempo, y no sería porque no nos quejamos varias veces, coreando al unísono “no se oye, no se oye”.
Aún así, como los Vetustos son los Vetustos, yo no sé si mejoró el sonido algo (según mi amiga no) o acabamos acostumbrándonos, al rato nos pusimos todos a bailar como locos (en el escaso espacio del que disponíamos) y a corear sus maravillosas canciones rompiéndonos las cuerdas vocales.
Finalizaron como siempre con la maravillosa Días Raros y yo,  como siempre, me emocioné.
 
Como no podía ser de otra forma allí estuvo con nosotros todo el rato la compañera inseparable y
que tantos buenos momentos me ha dado, mi querida Radio 3.
 
                                              Fotografía: Paloma Gullón
Tanto, tan intenso y en tan poco tiempo. Esto es y ha sido, desde mi mirada partipolar,  Sonorama 2015.
El año que viene repetimos ¿no?, yo desde luego que sí ¿y vosotros?.
¡Hasta pronto sonirit@s!


domingo, 19 de julio de 2015

MI PANLIST


 
 
 
 


Como un pan hecho en casa, con una masa trabajada despacio, de ingredientes caseros, de acabado imperfecto, probablemente incompleto, pero elaborado día a día con la ilusión que otorga lo que amas y disfrutas. Hecho para mí misma, pero que también deseo compartir con vosotros por si a algún incauto le pudiera interesar.

Sin más introducciones os copio el link a mi playlist de spotify realizada para primer semestre 2015:


También tengo una lista similar, más salvaje, en deezer:


¿Qué contiene? 

Pues un listado musical muy variopinto de algo más de 3 horas de duración;  novedades de la primera mitad de 2015 (y algunas canciones anteriores) que me han cautivado especialmente en estos casi 7 meses (he añadido un mes al semestre), también he incorporado dos o tres clásicos que he vuelto a escuchar por nostalgia; canciones que tienen y tendrán para siempre un huequito en el corazón de la banda sonora de mi vida.

¡Espero que os guste! 

Va con cariño.

miércoles, 3 de junio de 2015

SIMPLEMENTE VIDA, TAN GRANDE



                                        La vida, abundante,  se mece con el viento.

                                        Fluye.

                                        Lo hace sin pensarse a sí misma.

                                       Confiada, sin resistencias ni egos, transita en una belleza máxima.

                                       ¿Cuándo aprenderemos?
 
 

 

sábado, 25 de abril de 2015

MIS DOS ÁNGELES MUSICALES


El primer trimestre de 2015 he escuchado en bucle dos maravillosos discos folk compuestos por dos artistas increíbles.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fotografía: Indiespot.es

 
                                  
                                               
                                                                    



                                                                      
                                                                         


Fotografía: Indiespot.es


Dos cantautores que transmiten magia con su poesía y melodías;  al escucharles floto en el aire, sueño y sonrío. Atravieso campos vaporosos mientras el último sol me acaricia. Y no deliro ni tomo drogas, es el poder de la música.

Sus compositores son dos personas muy especiales; me atrevo a decirlo a pesar de no conocerles personalmente pues solo alguien una sensibilidad increíblemente especial puede crear joyas como estas. Personas conectadas y libres que nos hacen sentir a quien les las escuchamos  un poquito más en sintonía. Un poquito más cerca.

Ambos discos tienen nombres parejos: se presentan con dos vocablos que van unidos por un &. Coincidencia, casualidad, qui sait.

Carrie &Lowell (2015) de Sufjan Stevens (Detroit, 1975) y Vestiges &Claws (2015) de José González (Gotemburgo, 1978) me acompañan en este aprendizaje que llamamos día a día endulzando mis largas horas de trabajo, haciéndolas definitivamente más llevaderas e inspiradoras.

Dos ángeles musicales que me hacen sonreír con solo saber que existen y que para nuestra fortuna comparten con nosotros, de vez en cuando, un trocito de su alma.


Os dejo dos de mis canciones preferidas.

Death with dignity de Sufjan


With the ink of a ghost de José


 

¡Hasta la próxima!

  

domingo, 8 de febrero de 2015




FLECHAZO A PRIMERA ESCUCHA

Me ha vuelto a ocurrir, ¡¡y ya tenía ganas!!. Hace unas semanas escuché algo que hizo vibrar todas las células de mi cuerpo ante un solo golpe de sonido,  ¡y qué sonido!; me hizo saltar de emoción.

El artífice de esta súbita felicidad fue, como no, un disco, uno que como en su día Morning Phase de Beck me cautivó a primera escucha, de principio a fin: un flechazo en toda regla. ¡Qué genial es cuando me ocurren estas cosas!.  Esta vez hablamos de rock cañero del bueno, rock garagero & blues rock, ¡maravilloso rock!.

Algo realmente bueno,  bueno, muy bueno amigos. Y además una curiosidad: es únicamente tocado con batería y bajo, sí, increíble aunque no lo creáis, ¡no hay guitarras!.  Ese bajo suena como los ángeles.

Y ya me diréis, ¿quiénes son?, pues son Royal Blood, un joven dúo británico, cuyo álbum debut homónimo, Royal Blood, fue lanzado el 25 de agosto de 2014. ¡Y vaya disco!, no hay una sola canción que baje lo más mínimo el nivel del mismo, son todas increíbles y diferentes unas de otras.

Os copio el link de dos canciones que me encantan pero como os digo podría ser cualquiera del disco.

Figure It Out


Careless

 

Después del flechazo musical, investigué, y he visto que han sido número 1 en Reino Unido y han tocado en numerosos festivales en 2014;  normal. Ahora en 2015 serán por lo visto teloneros de Foo Fighters, y me parece poco.

Desde hace casi un mes tengo las entradas para el 1 de abril en La Riviera (Madrid). Lo sé, es justo miércoles de Semana Santa y me hace polvo pero aun así el acontecimiento lo merece, no se puede dejar pasar. ¡Qué ganas de saltar con sus cautivadores ritmos!.

Amantes del rock, y amantes de la música en general no podéis dejar de escuchar este discazo.

Avisados estáis.

 

 

 

domingo, 25 de enero de 2015


CRÓNICA DE UNA DESPEDIDA. EL ADIOS A LA SONRISA DE MIS SUEÑOS: LA SONRISA DE JULIA.

A los que esperen un post neutro, analítico y exento de emotividad quizá no sea este el suyo. Hoy me dejo llevar.

La vida me ha demostrado que si hay algo incontestable, es que la misma está en constante movimiento y transformación. Por eso hay veces que los sueños, incluso los más intensos también se acaban.
Anteayer, el 23 de enero de 2015, se cerró un capítulo que puso punto final a uno de mis más grandes sueños musicales (y digo sueños por todo lo que me han hecho soñar). El grupo de mi alma, La sonrisa de Julia, se despidió para siempre en Madrid.
 La Joy Eslava vibraba intensamente ya antes de las primeras notas. La gente se agolpaba en la pista expectante intentando acercarse lo más posible al escenario. Con puntualidad inglesa se encendieron las luces de neón. Envueltos en el aura de la serenidad que te dan las cosas asumidas en profundidad y la seguridad de 13 años en la carretera, los cinco componentes de la banda salieron al escenario controlando perfectamente lo imponente de una Joy llena hasta la bandera en un día tan señalado.
Marcos apareció más tranquilo que nunca: tranquilo y energético; una combinación perfecta para un concierto perfecto. Jamás le vi tan bien. Mario, Raúl, Curro y Jacob salieron sumidos en una profunda concentración entonando los primeros acordes del El Viaje del sonámbulo, preciosa canción que da título a su quinto y  último disco y con la que suelen comenzar todos sus conciertos. Marcos nos deleitó con una voz soberbia que ya no le abandonó en las más dos horas que duró el recital.
 


Foto: Paloma Gullón

Acto seguido nos sorprendieron con la poco conocida Donde está mi vida, que sonó de escándalo. Errante y El error más bello le siguieron dando lugar a unos de los momentos eléctricos más potentes del concierto.

Después de la tempestad siempre llega la calma y en eso Marcos es experto,  por eso continuó con Nadie lo sabe que todos coreamos al unísono.
Con Grito retomamos la intensidad, se notó que es una canción muy especial para Marcos y que le trae muy buenos recuerdos; por eso la acompañó con gestos y dibujos con los brazos y las manos llenos de significado que iban dirigidos a la gradas. Después vino Tormentas que desató la euforia y los saltos ya comenzaron a ser inevitables. Deja vú con su gran final, Bipolar y la gran Euforia acabaron por dejarnos sin aliento de tanto botar. El calor en la pista comenzaba a ser insoportable.

 
Dando un respiro a la intensidad,  nos sorprendieron con la maravillosa y en mi opinión poco reconocida América, canción que sigue estando de la más rabiosa actualidad. Para mí  Marcos siempre ha sido un visionario. Su intuición es suprema.
 A continuación llegó uno de los momentos más especiales del concierto con Hay alguien más ahí. Dedicándonosla emocionado a sus seguidores que, según su opinión, en un acto heroico decidimos comprar entradas para sus conciertos, Marcos conmovió a la sala entera que durante unos minutos se mantuvo en un profundo y vibrante silencio. Qué momentazo para el que, como dijo, esta canción parecía estar escrita.


Foto: Paloma Gullón

Con El hombre que olvidó su nombre, Muévelo y Extraño acabaron de descolocar y descocar a los que allí estábamos, a esas alturas, completamente entregados a la causa. Bien, bien, ¡qué bien nos estaban sentado canciones como Extraño que parecían también estar escritas para ese momento de rejuvenecimiento y encuentro!
Continuas fueron las preguntas al público sobre si nos encontrábamos bien, las gracias por los intensos aplausos; así da gusto, llegó a decir. Una perfecta comunión.
Solo con los focos y una guitarra acústica, Marcos nos puso la piel de gallina con un inolvidable y tiernamente introducido Naufrago, mientras lo veíamos envuelto en una preciosa iluminación que nos transportó a la magia de una noche estrellada.
Acto seguido  apareció Raúl que fue vitoreado por el público. Un público que le quiere y le respeta mucho más de lo que él puede imaginar y que le hizo sacar unas palabras, aquellas que tanto le cuestan, pero como dijo Marcos, no las necesita, porque sinceramente baterías como él se cuentan con los dedos de la mano en este país, sin hablar de la gran calidad humana del compadre de Marcos.
Pues sí vino Raúl y con él el clímax del concierto al acompañar a Marcos con otra guitarra acústica en la inmortal Llevo tu voz. Ante mi sorpresa, al escuchar los primeros acordes mis fuerzas empezaron a flaquear. Noté que Marcos también se emocionó pues esa canción ha supuesto mucho para ellos, aunque logró controlar la situación; yo no. ¡Tantas cosas me vinieron a la cabeza!: la primera vez que les vi en ese videoclip de la playa, la sensación de tanta conexión, el inicio de un idilio con su música y sus mensajes. Y después, trece años de intensa comunión musical: un comienzo y un final. Qué bella canción y qué bella emoción;  siempre llevaré vuestra voz dentro de mí.
Entró Curro y con El tren la emoción era ya incontenible y las lágrimas inevitables. No es mi canción preferida, pero esa noche fue el momento más íntimo y emotivo del concierto que a esas alturas desbordaba magia. Marcos se emocionó muchísimo, fue precioso. Con El bufón se incorporó Mario y el buen rollo y conexión público-banda llegó a su cenit; parecía que la sala entera se balanceaba con su suave ritmo.
 Finalmente entró Jacob completando la banda que se arrancó con Loco. Con  ella se produjo la vuelta a la energía y al baile que necesitábamos para la superar la intensa emoción.  Marcos la dedicó a su inseparable y siempre fuente de inspiración, Julia. Después la preciosa Luces de Neón y en un bis que no fue tal porque como nos había dicho Marcos no había tiempo para paripés en un concierto despedida, nos dijeron adiós con su himno Puedo; con ella algunos en el público acabaron de romperse. Despidiéndose con un “os queremos” les vitoreamos hasta la extenuación, saludaron los cinco  abrazados y felices y sin que ya pudiéramos evitarlo, se fueron por última vez.



 

Foto: Cristina Pychic

Qué gran concertó, qué gran noche y qué gran grupo.

Muchas veces infravaloramos la capacidad del arte y la música en particular, para influir en la vida de las personas. Ignorantes del tsunami de sentimientos y sensaciones que las notas pueden generar, no nos damos cuenta de que el tándem que suponen una intensa melodía junto con unas letras llenas de sentido puede impactar directamente en el corazón de la gente y transformarlo.

 Por eso me gusta decir que la música tiene el poder de la catarsis. Puede ser una catarsis momentánea o puede ser algo mucho más intenso y duradero, como ha sido el caso de mi idilio con la música de estos maestros que tanto me han inspirado e impulsado a llevar mi vida hacia donde mi verdadero yo me guía, porque junto a su música, por siempre y para siempre, seré mejor.

Gracias amigos. Os deseo mucha suerte en vuestro camino.